La Estancia El Rosario tiene una larga historia

Sus tierras originalmente habitadas por los Comechingones, pasaron a pertenecer a los colonizadores cuando, en 1669, Don Juan de Quevedo recibió la mitad de San Jerónimo y el Potrero con la estancia de la sierra llamada mas tarde El Rosario.

Su nombre proviene, según la tradición oral, de que en este solar existía la modesta casa de Don David Cáceres, criollo muy devoto, en la cual se reunían los lugareños a la hora del Ángelus para rezar el Santo Rosario.

Estas tierras también formaron parte de la estancia jesuítica Santa Catalina, debido a que Don Gerónimo de Quevedo, uno de los hijos de Don Juan, se las dono a los jesuitas en 1730 quedando en su poder hasta su expulsión en 1767.

El Rosario tuvo desde entonces sucesivos propietarios, hasta que con la corriente inmigratoria fue adquirida en 1924 por el Sr. Mauricio Andrei, de origen suizo, con su mujer René Grasset y su suegra Felicia Johnston de Grasset; fueron ellos quienes comenzaron la historia de la producción artesanal de dulces con recetas europeas en pequeñas pailas de cobre.

Por entonces, en el llamado Camino a las Casas Viejas, cerca del puente que hoy lleva al dique San Jerónimo, en la arbolada propiedad del señor Mac Lean, Cherry Farm, se ofrecía a los numerosos visitantes que llegaban en auto o a caballo un servicio de té en el jardín con los dulces fabricados por la Sra. Johnston y su hija, naciendo así la marca El Rosario.

Mas tarde, la familia Cisneros compra una vivienda al Sr. Andrei para instalarse en el lugar y uno de sus hijos, Juan Agustín, comienza a interesarse en la elaboración de los productos, las recetas, los procesos de fabricación, lo cual motiva a su padre a comprarle la fabrica al Sr. Andrei. 

Luego el Sr. Cisneros se asocia con el Sr. Rogelio Ferrucio Carignani, joven comerciante de La Cumbre. La firma Cisneros - Carignani comienza una nueva etapa de expansión y la fabrica llega a tener 150 empleados. En esta nueva era comienzan a fabricar dulce de leche con leche provista por el tambo de la vecina propiedad La Lorna que pertenecía al Sr. Mac Lean.

El progresivo crecimiento hace necesario ir a las zonas de producción de algunas frutas, para aprovecharlas en su mejor estado de frescura y madurez, buscando calidad y pureza. A tal fin instalan una planta industrial en Cipolletti, Río Negro, para elaborar grosella, frambuesa, zarzamora, pera, durazno, manzana y membrillo. Y otra en Coronda, Santa Fe, donde se produce la mejor frutilla del país. Años después fueron levantadas las fábricas de Cipolletti y Coronda, centralizando toda la producción en La Cumbre. 

La marca Estancia El Rosario desde la Sierras Chicas de Córdoba llega a conquistar el mercado a través de lograr prestigio por su calidad en importantes comercios de la ciudad de Buenos Aires, obteniendo numerosos reconocimientos, incluido el Diploma de Honor y Cinta Azul a la Popularidad, otorgado por The Brand Barometer American Association, en 1965.

El Presidente Marcelo T. de Alvear, luego de visitar la fábrica en abril de 1934 felicita a los dueños por la calidad y excelencia de los productos que se elaboran.

En 1944, el coronel Juan Domingo Perón tuvo palabras de elogio para esta industria por la obra social que realiza, al haber dotado de comodidades para los obreros.

En 1956, El Rosario se había convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la provincia, en esa época se celebraba la Fiesta Anual el 24 de junio, reuniendo a más de mil comensales.

En 1957 fue declarada Fabrica Modelo por el Ministerio de Salud Pública y Acción Social de la Provincia de Córdoba.

En los años 60, Estancia El Rosario, nuevamente cambia de dueño, la familia Eiras sería por varias décadas su propietaria.

Bajo la sindicatura y gracias a la dedicación de sus empleados y del Cr. Mario Caranti la fábrica continuó produciendo en los cinco años posteriores hasta que fue adquirida, en 1997, por la Sra. Marta Cortés y el Ing. Nicolás Bello.

Al poco tiempo la Sra. Cortés vende su parte y el Ing. Bello queda como único dueño de la fábrica, para luego incorporar como socio a su hermano Alejandro.

El Ing. Bello durante su gestión relanzó la producción y puso en valor el establecimiento, dedicándole durante dieciséis años sus mejores esfuerzos, hasta que a fines del año 2013, por diversas circunstancias, optó por pasar la posta a una nueva generación fuertemente vinculada a La Cumbre.

Revive así el espíritu de Estancia El Rosario, como un proyecto a largo plazo.

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